Los industriales del país carecen de espíritu competitivo, quieren que el gobierno les dé todo fácil

Por Johnny Arrendel

Una gran parte del empresariado dominicano tiende a apoyarse demasiado en el perjudicial proteccionismo, que coarta la competitividad, y perjudica al consumidor criollo, por frenar, además, el factor competencia.

Pasa ahora mismo con el queso, que en los mercados mundiales sus precios han bajado por el boicot de Rusia a la producción europea y estadounidense.

Mientras en los supermercados nacionales se encuentran quesos de alta calidad, frescos, curados y semicurados, a precios, por ejemplo, de entre 160 y 195 pesos la libra, los de producción nacional, que parecen pedazos de goma, se venden a 250 pesos la libra.

Y no se justifica esa carestía, para nada, ya que los queseros criollos importan leche como materia prima, producto que desde hace tiempo sus precios están por los suelos en los mercados mundiales.

Otra, hace unos años, el entonces presidente Leonel Fernández autorizó préstamos super blandos a los productores de zonas francas del país, ante la realidad de que la paridad textil les restó competencia frente a China y La India en el mercado estadounidense.

Lo que buscaban las autoridades era preservar los empleos de zonas francas en momentos de crisis en el área textil, pero cuando esa coyuntura fue superada, los empresarios se han negado a pagar.

De 1,800 millones de pesos que se les prestaron casi sin intereses, todavía se espera que los zonafranqueros instalados en este país paguen sus compromisos con el Gobierno Dominicano.

Ahora vienen los textileros criollos, después de que se beneficiaron por años con la compra de camisas escolares por parte del Estado, a decir que disque tienen dos millones de camisas en stock, y que no sabrán qué hacer con ellas, frente al practico cambio a polocherts de colores dispuesto por el Ministerio de Educación.

Tras más de 30 año de incorporar camisas y blusas azules, que sustituyeron a las de color amarillo caqui que databan de la época del tirano Trujillo, Educación decidió cambiar a polocherts en los uniformes escolares, que por cierto, sus colores identificarán la región de los alumnos.

Estos tajalanes de los fabricantes de uniformes pretenden que sea el gobierno que les resuelva sus problemas de reconversión industrial, sin reconocer el impulso que les ha permitido acumular capitales y obtener grandes beneficios.

Deberían estar en aprestos adelantados, con todo el tiempo que les queda por delante antes del cambio fijado para octubre de 2018, a fin de adecuar sus esquemas de negocios.

Por eso es que nuestra industria se ha quedado rezagada, es un problema de actitud. Estos empresarios se acostumbran al paternalismo cuando deberían ser vanguardistas.

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